La declaración del Director Interino del Kennedy Institute of Ethics, Daniel P. Sulmasy, sobre raza, confianza y ética biomédica

La violencia letal infligida a George Floyd por miembros de la fuerza policial de Minneapolis ha conmocionado la conciencia de la nación y ha provocado protestas generalizadas sobre la persistencia perniciosa del racismo en nuestra sociedad. Como Director Interino del Instituto Kennedy de Ética, escribiendo por mi cuenta, pero con el impulso de muchos de nuestros profesores, personal y estudiantes, me uno a las voces que condenan la brutalidad policial y repudian el racismo en todas sus formas, especialmente en la medida en que afectan a la comunidad negra.

Después de haber vivido seis años en una iglesia en Harlem, fui testigo de cerca del costo que los actos cotidianos de racismo tenían en mi comunidad. Si bien solo puedo imaginar, y nunca experimentar completamente, el dolor de mis vecinos, recuerdo la consternación que sentía cada vez que me negaban un viaje en taxi a casa debido a mi dirección. Sabía muy bien que no era yo, sino aquellos entre los que vivía, los verdaderos objetivos.

El dolor que inflige el racismo es profundo y real. La reacción pública a la muerte de George Floyd es testigo de ese dolor y nos impulsa a mirar nuestras propias actitudes, prácticas y prejuicios inconscientes. La tragedia de su muerte podría ser un momento histórico en el que podamos reflexionar juntos sobre cómo construir una sociedad mejor. Si bien la facultad y el personal del Instituto Kennedy de Ética tienen amplios intereses y experiencia que abarcan muchas áreas en el campo de la ética, nuestro enfoque particular se ha centrado en la ética biomédica, por lo que me enfocaré aquí en la raza y en la biomedicina.

Lo hago en particular porque una encuesta reciente realizada por AP-NORC ha demostrado que solo el 25% de los negros estaría probablemente dispuesto a consentir vacunarse para el COVID-19. Menos de la mitad de probabilidades que los encuestados blancos y latinos. Especialmente a la luz del impacto diferencial que el COVID-19 ha tenido en la comunidad negra. Tal estadística es reveladora. Representa su profunda desconfianza en el sistema de salud.

Esa desconfianza es totalmente comprensible. El legado de abuso del estudio Tuskegee sobre la sífilis permanece grabado en la memoria afroamericana. Las salas de hospital en este país permanecieron segregadas por más tiempo que las escuelas. Los negros continúan teniendo menos acceso a la atención médica y peores resultados en la atención médica que los blancos, hechos que se hicieron abultadamente evidentes a raíz del Covid-19. Los profesionales de la salud tienen la obligación moral de comprender las raíces de tal desconfianza y comprometerse a ser dignos de la confianza de todos sus pacientes.

Necesitamos un sistema de salud más justo, sin duda, pero la justicia se basa en la confianza. Y la confianza se ve erosionada por los prejuicios. Necesitamos escuchar. Necesitamos reflexionar sobre nuestros prejuicios institucionales, y también sobre nuestros propios prejuicios individuales como educadores, investigadores y profesionales de la salud, y tomar las medidas correctivas necesarias para hacernos confiables. Necesitamos comprometernos a respetar la dignidad de todos nuestros pacientes. Martin Luther King, Jr. dijo que aprendió sobre la dignidad de su abuela, quien le dijo: «Martin, no dejes que nadie te diga que no eres alguien». Respetar la dignidad de nuestros pacientes significa tratar a cada paciente como alguien singular. El sesgo nubla nuestra capacidad de ver el cuerpo de otros y nos hace indignos de su confianza. George Floyd era alguien singular, pero fue tratado como un don nadie. Necesitamos un sistema de atención médica libre de los prejuicios que desvalorizan la singularidad de nuestros pacientes. Solo así podremos ganarnos la confianza de aquellos que no solo están enfermos, sino también discriminados antes de ingresar a la sala de examen. Solo recuperando esa confianza podemos comenzar el arduo trabajo de construir un sistema justo de atención médica.

Algunos de nuestros profesores y personal ya han comenzado a examinar sus propias enseñanzas e investigaciones en busca de prejuicios, especialmente los prejuicios raciales, y a explorar cómo pueden corregirse. Todos debemos hacer nuestra parte, incorporando las cuestiones de justicia social de manera más explícita en nuestros escritos e investigaciones, conceptualizando, examinando y pronunciándonos en contra del racismo y otras injusticias que amenazan la dignidad de todos. Será importante participar en la escucha activa y el cambio constructivo, en un espíritu de reconciliación, y no solo de condena, para que el momento no se nos escape de las manos.

La base del tratamiento médico y la investigación es la confianza. Asimismo, la base de una sociedad justa es la confianza. Debemos reconocer que hemos perdido esa confianza entre los miembros de la comunidad negra y otros grupos marginados. Necesitamos tomar medidas para recuperar esa confianza si queremos construir una sociedad más justa y brindar atención médica no discriminatoria para todos.

Traducida al castellano por el profesor Raúl Villarroel desde: https://kennedyinstitute.georgetown.edu/news-events/acting-directors-statement-on-race-trust-and-biomedical-ethics/